sábado, 10 de junio de 2017

Guía para detectar el acoso escolar o bullying 2017.


Frente al bullying o acoso escolar lo peor es que impere la ley del silencio. Mirar hacia otro lado, callarse intentando que desaparezca. Porque no desaparece. El acoso no desaparece si no se le hace frente. Y hacerle frente no es fácil. Es una tarea titánica solo apta para verdaderos héroes cotidianos que tengan una valentía inmensa y en la que cualquier ayuda es bienvenida. Por eso la ONG Internacional Bullying Sin Fronteras, renueva su compromiso y lanza la Guía para detectar el acoso escolar o bullying 2017, para que las familias, víctimas y docentes sepan cómo actuar.
Lo primero es identificar qué es acoso. Una riña, un malentendido puntual, aunque desagradables, forman parte de la convivencia. Otra cosa es que haya intención de hacer daño, que se dé un desequilibrio de poder entre acosador y acosado y que la conducta sea reiterada. Entonces sí. Entonces hay acoso. Verbal, físico, social, psicológico y quizá el más cruel, el que nunca acaba: el acoso a través de las redes sociales.
¿Cómo se detecta? Las señales son múltiples, pero no es una ecuación matemática. Pueden darse todos los indicadores. Puede no darse ninguno. Puede que solo aparezcan algunos. Que de repente pierda el apetito. O que no quiera participar en excursiones, cumpleaños o fiestas escolares. Que los lunes le duela la cabeza, o el estómago. Que no quiera ir a clase. Que se vuelva agresivo en casa. Que un niño alegre de repente esté siempre triste. O que deje de contar las cosas que le pasan. Ante la duda, ante un cambio de comportamiento, lo mejor es denunciarlo ante el docente a cargo. Y cortar de raíz lo que podría llegar a convertirse en un grave problema, porque el acoso escolar crece y se vuelve peligroso con el transcurso del tiempo.

Y un día la palabra emerge: bullying. 

Y con ella, la rabia, la indignación, la impotencia. Contra el acosador, contra el centro escolar y hasta contra la otra familia. Es normal. La primera batalla es interna: lidiar con los propios sentimientos para no agravar el problema. Que haya un clima de confianza. Que el pequeño sepa que lo apoyan emocionalmente. Y escuchar el relato. Sin juzgar. Sin culpabilizar. Sin restarle importancia. Que sepa cuáles son las personas de confianza en el colegio e instituto. Y cómo hay que usar el ordenador y las redes sociales. Guardar el móvil por las noches, porque el ciberacoso, tristemente, no descansa. E informar al centro, que tiene que investigar, asesorar y poner en marcha el protocolo contra el acoso de ser necesario.
¿Y si la familia descubre que su hijo es el que acosa? Primero, asumirlo. No, no son malos padres. Después hay que dejar claro que esa actitud es intolerable y que tiene consecuencias. Procurar que empatice, que se ponga en el lugar de la víctima. Y, sobre todo, prestarle ayuda. Porque, sí, él también tiene problemas.
ONG INTERNACIONAL BULLYING SIN FRONTERAS
Oficina Madrid. ESPAÑA.
Permitida la reproducción con indicación de la fuente.


1 comentario:

  1. mis hijos, pensandolo hacia atras ya que todos hoy son adultos, fueron objeto de bullying, sin que esa palabra existiera en esa epoca...yo no lo maneje como se propone, con valentia y entendiendo que no cesaria el acoso si no se lo aceptaba como tal...lo pensaba como "cosas de chicos" y no intervenia aunque me parecia injusto...lo mas que hacia era pedirle a la maestra que observara...se que ellos, por diferentes motivos, sufrieron mucho en su escuela primaria y por suerte sucedio en epocas en que no habia tanta violencia como ahora...todos salieron bien parados, pero pude haberselos evitado de haber estado advertida como adulta

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